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Dividido, descentralizado y limitado

Dividido, descentralizado y limitado

Por: Christian A. Aramayo A.

 

Es deseo del pueblo”, repiten los déspotas cuando se los cuestiona. Usualmente utilizan la planificación central como método de gestión. Sin embargo, el fracaso de la planificación central no está en el juego de poder: los dictadores se han encargado -y aún se encargan- de demostrar que no existe límite alguno para concentrar el poder sobre un grupo o un individuo. El poder todo lo puede.

La imposibilidad de la planificación central, como lo manifestaba Hayek (1945), se encuentra en el hecho de que la información de la sociedad se encuentra dispersa y es inimaginablemente dinámica; es entonces que la honestidad intelectual para tomar mejores decisiones de política pública implica descentralizar la toma de decisión acelerando el proceso de desarrollo de los países y sus localidades, es decir: decidir con la información disponible de manera oportuna y continua.

 Las inhumanas experiencias del absolutismo tuvieron lamentables implicaciones para la ciencia y el desarrollo. Los déspotas de la edad media no se diferencian de los déspotas del siglo XXI: no toleran la luz de la verdad y se esfuerzan sistemáticamente en crear mitos para mantenerse en el poder. Esos mitos son hoy conocidos como relatos y categorizados bajo el eufemismo de postverdad. En este sentido, la respuesta natural ha sido dividir el poder del Estado para evitar, en primer lugar, la violación de derechos humanos fundamentales y en segundo lugar, encontrar la verdad. El camino, evidentemente, ha sido y es la libertad.

Por último, un horizonte ético diminuto y una débil calidad institucional, genera las condiciones para que la aplicación de cualquier intervención del Estado se ejecute de manera arbitraria. Orwell nos diría que todos serán iguales, pero unos serán más iguales que otros. Por ello, cada vez que un político propone alguna intervención estatal lo prudente sería analizar qué libertades estamos dispuestos a renunciar para el cumplimiento de esa intervención.

 ¿Es prudente concentrar el poder en todas sus formas en un grupo o en una persona? La honestidad intelectual y la evidencia empírica indican categóricamente que no, gracias a Dios elegimos eso el 21F.

Modificado por última vez en Miércoles, 07 Febrero 2018 02:59